El peso de haber sido.
Mientras caía me llenaba de una luminosidad extraña, como si cada centímetro de aire atravesado, hubiera encendido en mí un brillo que no sabía que existía. Mi cuerpo se disolvía lentamente, y, al hacerlo, dejara pasar una claridad antes vedada. Cada segundo parecía estirarse, y en esa dilatación sentí que todo lo que creía oscuro, todo lo que había acumulado de angustia y silencio, se iluminaba con un resplandor que no pedía permiso.
Entonces comprendí que no estaba descendiendo, sino regresando. El aire se volvió tibio, casi maternal. Ya no pesaba. No había vértigo, ni ruido, ni miedo, ni yo misma. Pero algo —una vibración, una brizna de memoria— permanecía en un lugar escondido de mi garganta. No tenía forma, solo una insistencia leve, como el pulso de una semilla bajo tierra. En esa quietud, supe que toda caída, es también una forma de ascenso, que a veces, al desaparecer comprendemos de verdad el peso de haber sido.
Ana Marga
📷 Dream Collage
Escrito para El bic naranja: viernes creativos