viernes, febrero 14, 2014

¡Óyeme!


¡Oye como sangro!

¡Oye mis escalofríos!

¡Oye mi explosión salada derretida al amarte!

Al gritar,
los cuentos de mi niñez
se vacían sobre mi mesa.

Bailan al son de mi preñez.

Voy a extinguirme,
otra vez

abriendo los ojos,
ordenando mi muerte.

Alargaré mi alma para tocar la tuya.
Como la raíz del árbol
crece bajo el suelo intentando alimentarse de la lluvia.

Como el día pasa a la noche.

Como mi lengua se cuela por tu boca.

Siente mis pies siguiendo tu rastro.
Siente mi vestido, y mis lunares.
Mi zona roja.

Mirarte es preludio de alborotada tempestad.

Mojas el oxígeno de la habitación.
Mojas mi voz
con tu nombre consumiéndose en mi ardor,
con la hermosura de nuestro eterno abrazo.
Identificándonos con las manos.

Solo una vida no me basta, ¡no!
Ni un solo corazón.
Para sembrar todo en un eterno instante
al filo de tu labio.