DESDE ABAJO
Permanecen alineados, inmóviles, como si la mañana los hubiera colocado ahí con una intención que nadie termina de comprender. Solo las gafas devuelven destellos breves, pequeños relámpagos sobre la superficie tranquila. Tres cuerpos negros. Tres respiraciones medidas. Tres islas mínimas flotando.
Detrás, las grúas levantan sus brazos amarillos con una lentitud mecánica. El puerto respira hierro, rutina, ruido. El mar los mece apenas, como si probara su peso, como si midiera su decisión.
No hablan. No hace falta.
Entonces lo sintieron.
No era movimiento.
No era corriente.
Era más bien la certeza de que algo los miraba desde abajo.
El del centro tragó saliva dentro de la máscara.
—Bajamos —dijo al fin.
Pero ninguno se sumergió.
Porque a veces el mar no da miedo por lo que esconde, sino por la forma en que, de pronto, parece estar esperando por ti.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto: Miguel Trillo
