domingo, junio 29, 2025


 DIA DE PLAYA

Llegué a la playa a las 8:00 a.m. para asegurarme un buen sitio.
A las 8:03, ya había una sombrilla clavada a diez centímetros de mi toalla.
A las 8:05, una familia de siete, extendió su campamento a mi alrededor como si fueran a pasar un mes.
A las 8:15, una señora se sentó accidentalmente sobre mi pierna y dijo:
—Ay, perdón, pensé que era una piedra.
A las 8:17, el niño más pequeño de la familia, empezó a construir su castillito de arena justo al lado de mi cabeza.
A las 8:20, una pareja discutía a voz en grito, y todos nos enteramos de que ambos se habían sido infieles.
A las 8:35, una gaviota intentó robarme las gafas de sol mientras me cagaba encima.
A las 8:40, decidí darme un baño. Al volver, mi toalla era la red de un campeonato de voley playa.
A las 8:42, pedí educadamente que me devolvieran la toalla. Me la devolvieron… con olor a sobaco ajeno.
A las 8:50, sonó una sirena: alguien había perdido una dentadura en la orilla y todos fuimos convocados a buscarla.
A las 8:55, encontré la dentadura. Me aplaudieron. Me ofrecieron guardarla como trofeo, y rechacé amablemente.
A las 9:10, decidí rendirme. Recogí mi toalla sobaqueada, mis gafas de sol traumatizadas y mi dignidad dispersa.
Al llegar a casa, reservé un hotel con piscina cubierta. Sin niños. Sin arena. Sin gaviotas.
Solo silencio y cloro.
El paraíso.

Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto de María Moldes

 


CONJURO PARA SUPERVIVIENTES

Ven fresquito,
como un animal sin ruido.
Bórrame el pulso
y haz que olvide el fuego.

Esta casa te espera
como se espera a los dioses:
con los ojos abiertos
y la respiración pausada.

Golpea,
rompe espejos,
apaga voces.
Que los relojes duden
de su propio latido.

Ven,
y quédate conmigo
en el centro del pecho,
donde la fiebre
nunca pudo entrar.

Se ruega repetir a todos
tantas veces como sea posible,
y quedarnos afónicos.


Ana Marga

Escrito para El bic naranja: viernes creativos
(Invocando al frío)
Foto de Osamu Yokonami

sábado, junio 14, 2025

 Decisión 


Corro por pasillos sin fin. Puertas cerradas como labios mudos. Al fondo

una luz que siempre se aleja. Cada día con el mismo temblor en las manos, en el alma.   Pero un día la puerta se abrió. Y ahí estabas con mi rostro, mis gestos y la vida que nunca viví. Me miraste burlona.  “Soy tú”, dijiste. “La que eligió quedarse a este otro lado”.  Quise hablar, pero la voz se me quebró en la garganta.

Ella —yo— soltó una risa breve, como si supiera todo lo que había callado durante años. 

—Aquí no hay miedo —dijo—. Aquí no corremos, no hay dolor. 

Me acerqué. No había espejo, pero verla era como asomarme al reflejo más hondo.

—¿Y si cruzo? —susurré.

Ella ladeó la cabeza, con ese gesto que yo siempre hacía cuando dudaba de algo o de alguien. Sus ojos eran los míos, pero sin el peso. Sin la sombra.

—No puedes —respondió, casi con ternura—. Este lado no es un lugar, es una decisión.

Sentí el frío en los pies, como si la luz a mis espaldas se hubiera extinguido. Quise tocarla. Saber si era de carne, de humo o de recuerdo. Pero cuando estiré la mano, ella retrocedió un paso.

—Si cruzas, olvidas —dijo—. Lo bueno y lo malo. Lo que amaste, incluso lo que aún espera por ti.

Entonces entendí. No era un sueño. No era una fantasía. Era una frontera.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Eres feliz? 

Me miró largo rato, como si no esperara mi pregunta. 

—No lo sé —dijo finalmente—. Aquí no hay tristeza, pero tampoco alegría. Solo paz, o algo parecido. 

—Debo volver —murmuré algo nerviosa.

Ella asintió. —Siempre lo haces —dijo.

Y se fue apagando. No como una llama, sino como un eco.


Ana Marga


Escrito para El bic naranja: viernes creativos