viernes, enero 02, 2026



2025 se despide sin hacer ruido. No se va del todo: deja restos, migas de días, cicatrices que ya no duelen igual. Un año en el que aprendí que sostenerse también es una forma de valentía.

He aprendido a escuchar el cuerpo cuando pide tregua, a no exigirle hazañas. A veces sobrevivir fue suficiente, incluso hermoso. He celebrado pequeñas victorias invisibles: levantarme sin miedo, escribir sin urgencia.
Este año me enseñó que no todo se nombra, pero todo deja huella. Que el cansancio no es derrota y que la fragilidad puede ser un hogar. He soltado expectativas y he conservado lo esencial: los afectos, la palabra, el gesto mínimo que salva un día.
Llego al nuevo año sin promesas grandes. Entro despacio. Con respeto. Pidiendo salud y claridad, no certezas. Pidiendo tiempo, no prisa. Deseo seguir habitando lo cotidiano con asombro, cuidarme sin justificaciones y escribir desde donde late la verdad. Seguir viva, atenta, y lo suficientemente cerca de lo que importa.
Feliz 2026. 🍾❤