2025 se despide sin hacer ruido. No se va del todo: deja restos, migas de días, cicatrices que ya no duelen igual. Un año en el que aprendí que sostenerse también es una forma de valentía.
He aprendido a escuchar el cuerpo cuando pide tregua, a no exigirle hazañas. A veces sobrevivir fue suficiente, incluso hermoso. He celebrado pequeñas victorias invisibles: levantarme sin miedo, escribir sin urgencia.
Llego al nuevo año sin promesas grandes. Entro despacio. Con respeto. Pidiendo salud y claridad, no certezas. Pidiendo tiempo, no prisa. Deseo seguir habitando lo cotidiano con asombro, cuidarme sin justificaciones y escribir desde donde late la verdad. Seguir viva, atenta, y lo suficientemente cerca de lo que importa.
Feliz 2026. 
