45 minutos para borrar una arruga, pero no el beso que la creó.
45 minutos, para fingir orden en una tela, que ya conoce el desorden
Y afuera, la noche sostiene su tela arrugada.
Sin plancha. Sin acto. Sin prisa.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto: Ana Vidal

