MULTIPLICADA
Soñé que el espejo no me devolvía el rostro, sino una sucesión de sustos. Acercaba la mano al cristal y cada reflejo respiraba distinto: una yo gritaba sin sonido, otra abría los ojos como quien ve su propio nacimiento, otra temblaba con la boca apenas entreabierta esperando una palabra que no llegaba. Tenia mucho miedo.
Quise tocarme pero el vidrio era profundo como un pozo con más espejos, todos rotos en forma de pregunta. Y comprendí. No era un sueño de miedo, sino de desdoblamiento. El cuerpo duerme, pero el yo permanece despierto. Y mirándome multiplicada no sabía cuál de todas era la que iba a despertar.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto: Grete Stern


