Conjuro de óxido
Sus ojos de plástico repiten un nombre que ya no existe. La jaula cuelga del silencio, mira hacia ninguna parte. Emma sopla su pena entre los barrotes oxidados. El aire tiembla, se desordena en su locura interminable. Una lágrima de óxido cae como si el amor tuviera peso. Emma sonríe. Ya no sabe si lo encierra o si ella es la que cuelga del silencio.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Imagen: Xavi Roca
