viernes, abril 25, 2025


Se vestían igual para no olvidarse quién era quién, y para no perderse. Decían que eran dos, pero ellas sabían que eran una sola cosa: una memoria compartida, una madre asesinada, y la promesa de no separarse jamás. Dormían espalda con espalda, como refugios. Cuando una tenía frío, la otra temblaba. Cuando una lloraba, la otra apretaba los dientes.  Ninguna habló nunca, pero en su mirada se entendían todas las lenguas. 


Ana Marga


Escrito para El bic naranja: viernes creativos 

Foto: Dmitry  Markov


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Dmitry Markov (1982–2024) fue un fotógrafo y periodista ruso destacado por su enfoque humanista y su estilo documental íntimo, capturado principalmente con un iPhone. Nacido en Pushkino y residente en Pskov, Markov dedicó su vida a retratar las realidades más duras de la Rusia provincial, enfocándose en comunidades marginadas como huérfanos, personas sin hogar, adictos y ancianos. Su obra se caracterizó por una mirada empática y sin adornos, que buscaba visibilizar las vidas olvidadas por los medios oficiales .​ 

A lo largo de su carrera, Markov recibió varios premios, incluyendo el Gran Premio de la Cámara de Plata, el Getty Images Instagram Grant y el Premio Kamerton Anna Politkovskaya. Su trabajo fue exhibido en importantes espacios internacionales como París, Nueva York y Moscú, y participó en la campaña publicitaria del iPhone 7 .​ 

Además de su labor fotográfica, Markov fue voluntario en orfanatos y centros de rehabilitación, y trabajó en la organización "Rostok", dedicada a apoyar a menores en riesgo. Su compromiso social también se reflejó en su activismo político; en 2021, fue arrestado tras una protesta en apoyo a Alexéi Navalny, y una de sus fotos del incidente se convirtió en un símbolo viral .​ 

Markov falleció el 15 de febrero de 2024 a los 41 años debido a una sobredosis por toxicidad de metadona en Pskov . Su legado perdura en sus tres libros fotográficos —Chernovik, Cut Off y Russia²—, y en la creación de un centro de rehabilitación para adolescentes en Nizhni Nóvgorod que lleva su nombre

Su obra continúa siendo un testimonio de la belleza y la dignidad humana en medio de la adversidad, y su influencia sigue viva en la fotografía documental contemporánea.

viernes, abril 11, 2025

 


Tengo la mala costumbre de hablar de más. No de alguien, sino sobre mí misma. No un poco. Mucho. Demasiado. Nivel: “te cuento mi árbol genealógico antes de decirte mi nombre”.
Lo peor es que no puedo evitarlo. Es como si mi boca tuviera Wi-Fi propio, y cada pensamiento mío se subiera automáticamente a la nube de quien me escuche.
Si te encuentras conmigo alguna vez, mejor no me preguntes mi nombre, porque terminaré contándote hasta mis lunares. ¡Y no en plan coqueto! No. Te diré que el de la clavícula parece una coma, que el del omóplato apareció en 2006, y que el dermatólogo dice que están bien, pero yo igual los vigilo por si acaso.
Una vez, la vecina, me preguntó cómo estaba, y respondí con un resumen de mi mes, mi nivel de ansiedad, lo que soñé la noche anterior (con jirafas parlantes, por cierto) y una reflexión profunda sobre mi miedo a las abejas. Ahora me evita la pobre mujer. Sube por las escaleras cuando me ve esperando el ascensor aún con su artritis de rodilla. Creo que debería disculparme invitándola a un café. Pero, claro, entonces, acabaría contándole por qué mi café nunca sabe igual que el de las cafeterías.


Ana Marga

Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Imagen y creación de Johan Deckmann..

viernes, abril 04, 2025

Chasqueé los dedos y aquel relámpago quedó ahí colgado en el horizonte. No se movía. No caía. Solo brillaba, suspendido, como si el tiempo mismo hubiera contenido el aliento. Extendí la mano para tocarlo, como quien intenta acariciar un recuerdo. El relámpago titilaba, obediente, como si esperara mis instrucciones.

Desde niña lo intuía. Cuando tocaba el piano, las notas vibraban más tiempo del debido; cuando cerraba los ojos, las cosas seguían ocurriendo detrás de mis párpados, pero más lentamente.
A veces, creía que era el mundo el que iba muy rápido. Otras, que era yo quien se quedaba atrás. Pero ahí estaba el relámpago, colgado como si fuera una grieta en el cielo. ¡Vaya mierda!
Respiré hondo. Flexioné los dedos.
Si lo había detenido, podía soltarlo. Chasqueé otra vez. El relámpago parpadeó, pero seguía ahí. Frustrada, intenté otra vez.
Miré mis manos, ahora tensas. ¿Acaso mis poderes se habían esfumado? Como ahora no fumo, mis manos ahora huelen a limpio.
Entonces, algo extraño sucedió. En lugar de caer al suelo, comenzó a girar lentamente, como una especie de espiral de luz, cruzando el horizonte con una calma que nunca imaginé posible. Me quedé allí, boquiabierta. No lo había detenido. Tampoco lo había soltado. Lo había transformado en algo completamente diferente. Algo que ya no pertenecía al cielo, sino a ese espacio incierto entre lo que soy y lo que quiero ser.

Ana Marga
4 de abril 2025
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Fotografía de Ekayyne.

 


Aquella llama gigante no la vimos venir. Las calles se llenaron de fuego y todos quedamos paralizados del miedo. No hubo gritos ni carreras, solo ojos abiertos de par en par, reflejando el fuego en nuestras pupilas. El calor no venía del asfalto ni de las paredes. Ardía en las palabras no dichas, en las miradas de sospecha, en los silencios que separaban a unos de otros.
Cuando la ceniza cubrió el suelo, comprendimos que La Llama Voraz nunca había necesitado prender una sola brasa. Solo bastó con encendernos por dentro.

Ana Marga
28 de marzo 2025

Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Fotografía de Jordi Flores, del Correfoc.