Mis ausentes no están muertos del todo. Caminan por los pasillos estrechos de mi recuerdo. Se sientan conmigo a la hora del café, aparecen en una canción sin que sepamos por qué. Vuelven como sombras dulces o heridas que no cierran. Sus gestos siguen viviendo en mí, en mis palabras, en los silencios que dejo para que respiren. Para que no se me vayan.
A veces los presiento en el aire, una leve vibración que me roza la piel, como si quisieran decirme que siguen aquí, detrás del velo del día. No sé si me sueñan, o si soy yo quien los inventa cada mañana, para no olvidar el sonido de sus pasos.
Y así vivo, entre dos mundos que apenas se tocan, sosteniéndonos con la tibieza de lo que es el amor.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
