Sentados espalda con espalda, bajo el orden silencioso de los ventanales, dos mundos diminutos se leen a sí mismos. Las paredes guardan su secreto de alturas, y las sombras juegan a ser piano.
Se quedan ahí, como si el mundo hubiera aprendido a detenerse en esa franja exacta del día, donde nadie llama y el futuro todavía no reclama su turno.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto: Fan Ho
