martes, marzo 13, 2012

Tarde perdida, y una promesa.



Sobre la hierba,
encadenabas nubes con el dedo,
mientras dibujaba el trazo
de mi mordisquito en tu hombro.
Saboreo ahora aquel recuerdo
de tarde perdida.
Tu mirada inocente,
traspasaba mi cuerpo
para abrazarse a mi alma desnuda.
Con tu boca de poeta loco
recitabas versos de amor
a mis ojos.
Me desprendí entonces
de todos mis miedos,
de ausencias….
La flor de mi pelo,
se pegó a tu pecho dormido.
A mi boca entreabierta
se me escapó la promesa
de un para siempre en tu nuca.
Aquellas dos palabras
disfrutaron de su libertad
volando alto.