La eternidad
nos pone la vida en las manos.
Sufro
lluvias torrenciales
en mi piel
ya madura.
Vísteme de mujer prohibida
con sedas rojas
para regalarte la noche
a tu gusto.
Fui creada
del amor puro
sin restricciones de vientos,
y vivo en silencio perpetuo.
Pellízcame en el alma de vez en cuando,
es sano, y purifica la sangre de mi razón.