- ¿Las oyes?- me preguntaste asombrado.
- ¡Pues claro!- contesté sonriéndote y besándote la boca.
Al cabo de un tiempo, cuando ingresé en el hospital, me
llenaste la habitación con mil flores.
- Son todas cuenta cuentos,
para que te pase el dolor volando – dijiste con sonrisilla pícara.
