Las cenizas del día
sucumben a mis ojos de algodón.
O
son mis sinsabores de cartón
los que sufren.
¡Quien sabe!
Mi sed de árbol
de jardín
es como cuaderno acabado.
La vida es como espiral,
y si no te amarras bien,
se te cae la carne
mareada
al suelo.
Se agradece
de vez en cuando
un beso escrito para abrazar lágrimas.
Los aguaceros
se deben dejar caer por la desnudez
para nutrirla
y volver a la vida.
Pero...
quien no tiene cicatrices en el alma,
no ha respirado el amor.
No ha nacido.