A día
de hoy,
tengo
casi treinta y ocho años.
Mis
poros
también
tienen treinta y ocho años,
y han
sudado suficiente dolor,
y
decepción,
y
derrota,
y
perdidas.
Mis
manos surgen del amor,
olvidado,
del
que mata
sin
piedad.
del
que retuerce la noche.
El
dormido espejo,
me
muestra
una
piel
iluminada
por
una luz sonriente,
mas yo
sólo veo
una
mujer,
abrazando sueños.
abrazando sueños.