(Dedicado a mi abuela).
Te fuiste sin que me diera tiempo a despedirme. Sigilosa.
Ni siquiera pude darme cuenta de tu duro padecer. Casi no recuerdo tu rostro, mas era una niña cuando la muerte vino a buscarte.
Contemplo tu foto. Casi gitana. Rostro amable. Corazón de diamantes dicen que tenías, y dabas cobijo a todo aquel que te lo pedía.
Los ojitos de tus hijas se iluminan al recordarte. Cuentan la alegría que irradiabas; como te remangabas la falda y bailabas al son de las palmas. ¡Y como cantabas! La gente se paraba bajo tu ventana a escucharte, y aplaudían extasiados pidiéndote otra mas.
Si. Te fuiste. Pero cada día te siento a mi lado, casi puedo sentir tu mano acariciando mi cara. Y en mis noches de insomnio te hablo en la oscuridad contándote mi vida entera.