A merced del relámpago, la noche estira su cuerpo. No huye. Extiende una mano intentando tocar lo incomprensible. Sostiene el rayo a una mujer de piedra, con siglos de silencio. Quizá no sea el rayo lo que ilumina la noche. Quizá sea ella. Quizá toda estatua guarda un instante en el que estuvo viva y decidió no moverse.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Imagen de Xisco Alario, en Mallorca durante una tormenta
