ENTRE LOS JUNCOS
Dejaron atrás los gritos del Piruleta y siguieron nadando hacia la orilla. Ninguno se atrevió a mirar atrás. Sabían que, al llegar, solo uno tendría sombra.
El sol caía sobre los juncos y el agua les pesaba en los brazos. El rubio alcanzó primero la arena. Se tumbó boca arriba, jadeando, y esperó a que el otro saliera.
Pero el otro no salió.
Desde la orilla, vio cómo las ondas se cerraban lentamente sobre el lugar donde lo había dejado. Entonces escuchó de nuevo los gritos del Piruleta, esta vez detrás de él.
Se incorporó. A su lado, sobre la arena húmeda, había dos sombras.
Y ninguna pertenecía a su cuerpo.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Imagen de Herbert List
