Algunos cuentan ovejitas para dormir, yo cuento edificios. Es una técnica peculiar, pero extrañamente efectiva. Empiezas por la base: el sonido del granito asentándose sobre las nubes. No hay prisa. Colocas cada ladrillo con el peso exacto de un bostezo. A medida que la calle se alarga, las fachadas se vuelven más borrosas. El cemento se siente como algodón y los cristales de las ventanas se funden con la bruma. Ya no hay gravedad, solo el ritmo de tu respiración marcando el sopor.
Construyes con los párpados cerrados una ciudad a tu gusto. No necesita planos, solo sueño.
Ana Marga
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Foto: Laurent Chéhère
