El frío del
eslabón de tu cadena me sacudió del sueño.
Mi teta se
desperezó como semilla brotando por la grieta del seco suelo.
El manto de tu
sombra, de tus manos, alumbraba el regocijo de mi paz.
Tu cara seria.
Concentrada en mi cuerpo.
Dibujaba nubes de versos con la punta de tu madurez.
Concentrada en mi cuerpo.
Dibujaba nubes de versos con la punta de tu madurez.
La noche nos caía a gotas lentas y dulces.
Yacía mi
cabello sobre tu pecho, y tu felicidad se colaba por
mis ranuras, instalándose en mi sonrisa.
Tu mano amordazó mi pezón y dancé de deseo.
Tu pecho movía
mi vida al ritmo de tus lujurias.
De espaldas al silencio, nos fuimos atando las bocas, y me tatuabas en la piel tu más profundo amor.
De espaldas al silencio, nos fuimos atando las bocas, y me tatuabas en la piel tu más profundo amor.
Las sábanas nos
mordían, nos envolvían para regalo.
Retorcida y
exhausta quedó en tu regazo mi esencia.
Grité te amo.
Arranqué la
carcajada de tu voz.
Éramos un solo cuerpo montados al viento.
Éramos poema.
