No alcanzo
ningún cielo anaranjado.
Ni tardes
de paseos por playas.
Recuerdo un beso,
de tarde
que derrumbó mis cimientos.
Recuerdo mi libertad,
amarrada,
al instante nuestro.
Aquel grito de mis ojos,
lo taparon tus cabellos.
Aquel sin fin de amaneceres
enmarcados en el espejo.