sábado, mayo 24, 2025


 Era divertido verlo subir y caer otra vez al mar. Como si el océano lo arrojara al cielo para después recibirlo con ternura. No era un pez, ni un pájaro, ni un humano exactamente allí arriba. Era él, eso bastaba. Un cuerpo que reía en el aire, con el pelo lleno de espuma, sal y viento. Desde la orilla, yo lo miraba. Estupefacta e incrédula. ¡Aquello era algo imposible; como un milagro! Entraba en el agua como una idea que regresa al sueño. De repente, una de las veces, en medio del griterío y las carcajadas no cayó, y quedó suspendido en el aire. Inmóvil. Mudo. Y el mar comenzaba a borrarse, como hacen los bordes de una imagen cuando está gastada. 

 

Ana Marga 

 

Escrito para El bic naranja: viernes creativos  

La imagen es de Adeolu Osibodu.