Aquella llama gigante no la vimos venir. Las calles se llenaron de fuego y todos quedamos paralizados del miedo. No hubo gritos ni carreras, solo ojos abiertos de par en par, reflejando el fuego en nuestras pupilas. El calor no venía del asfalto ni de las paredes. Ardía en las palabras no dichas, en las miradas de sospecha, en los silencios que separaban a unos de otros.
Cuando la ceniza cubrió el suelo, comprendimos que La Llama Voraz nunca había necesitado prender una sola brasa. Solo bastó con encendernos por dentro.
Ana Marga
28 de marzo 2025
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Fotografía de Jordi Flores, del Correfoc.
Cuando la ceniza cubrió el suelo, comprendimos que La Llama Voraz nunca había necesitado prender una sola brasa. Solo bastó con encendernos por dentro.
Ana Marga
28 de marzo 2025
Escrito para El bic naranja: viernes creativos
Fotografía de Jordi Flores, del Correfoc.