Manos tardías y cobardes,
atraviesan
el pecho de tu desierto.
Soy locura atrapada en la arruga de la alfombra.
Y el encaje húmedo de ti pegado a mi piel.
Me miras.
Me hieres.
Y yo,
te miro,
riego tempestades.
Reseco tus recovecos con mi alboroto.
Se nos va el aliento a la boca del otro.
Se nos detiene la sangre del cuerpo.
Se nos muere el tiempo enlazados.
A orillas de mi orgasmo paras.
Para besarme.
Para apoderarte de mi retorcida espalda
y pecar.
Contraes mi vida entre tus brazos.
Dejo de ser.
Dejo de ver.
