Desencajé mi ansia
para que estuvieras más
suelto.
Cada instante de niebla cerrada,
yo tiemblo,
de miedo,
de ceguedad.
Mi cuerpo es ciego de nacimiento.
Voy tanteando el aire susurrando tus huellas,
tus olores,
tu ausencia,
tu recuerdo...
Mañana
caeré de nuevo en el crepúsculo de tus manos.
Mi infierno.
Mi deliciosa agonía.
Aunque sientas mi lengua espesa,
siempre te beso
como nuestra primera mañana.