viernes, marzo 21, 2025

 


Hace años mi tía reformó el baño de su casa, y los albañiles, por pura vaguería, lo dejaron abandonado en el descampado que hay a la entrada del pueblo. Allí quedó el inodoro, desolado y torcido, como un trono caído. Ahora la naturaleza lo ha reclamado, y lo ha convertido en un jardín inesperado. Flores silvestres y yerbajos le crecen por el agujero. Como si le tapasen la boca y que no cuente. Porque si ese inodoro hablara, revelaría más de una historia apurada, más de un trasero que no debía estar allí, y algún que otro secreto que mejor quedó en el pasado.
Quizá por eso, las flores lo tapan con tanto celo.

Ana Marga
21 marzo 2025
Escrito para el Bic naranja
Foto de Elena López García, tomada en una excursión en la isla de La Palma.