Arráncame los límites.
Caigo, soy de humo.
Las venas que sujetan el paisaje de tu cuerpo, otro episodio
de espera, difunden la sed en mi vientre.
Y aquí yo,
Y tú también,
con la mano temblando al escribir. Fuego, presagio.
Llegas de cualquier sitio sin mapas, sin señales. Vas surgiendo de mi canto.
Llegas de cualquier sitio sin mapas, sin señales. Vas surgiendo de mi canto.
Es un filo brillante mi nuca, desboca sola mi tibieza.
Ven.
No hay nada.
No hay almas.
No hay
armas.
Agárrate bien fuerte, curva mía.
Una copa con un jugo encendido, caricia misericordiosa. Todo lo desnudas hasta el límite de mis fuerzas.
En el agua corremos libres.
En el agua corremos libres.
Traigo en los ojos un lago sepultado.
Suavemente
vas ocultando las palabras y los besos.
Abatido sobre tu pecho un pájaro de
azúcar sobre ti canta.
Todo me lo traes a la vida y en tu mesa veo frutas.
Desnuda como pez en el agua,
pinto todos estos versos en la pared de tu cuarto.
Duermo.