Escribe de ese dolor, me dice el amor.
Pero temo
perderme
en mi depresivo laberinto.
Es tan profundo…
tan horriblemente sangrante…
tan intermitente y tan penetrante...
que se me seca la vida
que le digo adiós a todo
que no hay cura.
Que me amputa el bienestar del alma.
No soporto no sentirte en mis ojos.
No soporto no matarme en tu nombre,
papá.