
Me encuentro muchas veces a lo largo del día con la desesperanza. Sé que quiere pararse a charlar un ratito, o venir a mi casa a tomar un café. Pero no pienso invitarla. Dicen que una pesada, que no hace más que meterse con los sueños, las ilusiones y la alegría; y todas ellas son amigas mías.
Hoy, precisamente, parece que me va siguiendo a todas partes. Acabo de pillarla intentando colarse por mi ventana, pero en cuanto ha visto a la pasión sentada junto a mi, se ha marchado como cómo alma que lleva el diablo. La próxima vez me aseguraré de cerrar bien todo.